Montse Cortell

La importancia del no

Aprendre a dir que no també és educar
Aprender a decir que no también es educar
Vivimos acelerados, con la agenda llena y el “sí” en la boca por defecto. Pero, en medio de tanta exigencia, hay una palabra pequeña que puede marcar una gran diferencia: el no. Aprender a decirlo —y a respetarlo— es una lección de vida que empieza mucho antes de lo que pensamos.

Vivimos en una sociedad que nos empuja a decir que sí a todo.
Sí a más actividades, sí a más compromisos, sí a más exigencias. Y esta presión también se la acabamos transmitiendo a nuestros hijos.

Pero ¿qué pasa cuando no les enseñamos a decir que no?

decir que no
decir que no

Decir que no es un acto de respeto hacia uno mismo. Es reconocer nuestros límites, nuestras necesidades, nuestro espacio. Y es una habilidad fundamental para la vida.

Un niño que no sabe decir que no será un adulto que se dejará llevar por los demás. Que aceptará situaciones que no le convienen por miedo a decepcionar. Que pondrá siempre a los demás por delante. ¿Es esto lo que queremos transmitir? ¿Es esto en lo que queremos convertirnos?

No os digo que criem hijos egoístas o maleducados. Hablo de enseñarles que está bien tener límites, que pueden decidir sobre su propio cuerpo, que no tienen que dar abrazos si no les apetece, que pueden decir “no quiero” sin culpa.

¿Cómo lo hacemos? Primero, respetando sus no. Cuando un niño dice “no quiero un abrazo” y nosotros insistimos “da un abrazo a la abuela”, le decimos que sus límites no importan.

Cuando respetamos sus decisiones (siempre que no conlleven peligro), les enseñamos que tienen derecho a decidir sobre sí mismos.

¿Os habéis planteado alguna vez qué comporta no respetar sus “no quiero”, “no me gusta”, “no me apetece”?

Este mes, observad cuántas veces dicen que no y cómo reaccionáis. Y pensad si les estáis enseñando a respetarse.

Porque decir que no también es una forma de amor propio.

Hasta el mes que viene y que “Penséis mucho”.