El milagro que siempre funciona (hasta que cambias de pueblo)

El miracle que sempre funciona
El milagro que siempre funciona

Un coche en medio de la plaza, un remedio infalible y un público con ganas de milagros. Podría ser una escena de un western… o tu feed de Instagram un lunes por la mañana.

Cambian los siglos, cambian las pantallas, pero la promesa es la misma: felicidad rápida, éxito asegurado y una vida mejor a cambio de seguir cuatro pasos muy sencillos. Demasiado sencillos.

Como primer artículo en este diario, os invito a recordar una escena que se ha representado en muchas películas “western”: un carro llega a un pueblo, con un forastero bien pintón que, una mañana cualquiera, aparca en medio de la plaza y cuelga un cartel bien brillante y llamativo: “La fórmula mágica del Dr. Thompson&co” y, acto seguido, empieza a gritar para atraer a un puñado de curiosos: “¡Pasen, pasen y estén atentos!”.

A continuación, cuando tiene una veintena o más de espectadores, empieza a desgranar un discurso lleno de frases donde explica las virtudes y milagros de su tónico mi-ra-cu-lo-so, capaz de curar la tristeza, el ojo perezoso de tu hijo, la sífilis o que las cosechas rindan más.

Máximas de Shuruppak

Entonces aparece “el anzuelo”, en forma de un señor que va con muletas, lento y con pinta no muy sana… Hasta que da un trago al mágico elixir y ¡mira! Tira las muletas, da un par de saltitos y ya se ha curado!

La gente no da crédito, todo el mundo hace cola porque no quiere perderse este milagro y las existencias —¡fíjate tú, Jocelyn!— son limitadas. Una vez ha vendido todas las cajas, el forastero cierra el puestecito y se va muy deprisa hacia el siguiente pueblo, sólo haciendo una parada rápida para recoger en las afueras a cierto señor sin muletas que tiene pinta de ser conocido suyo de hace mucho tiempo…

Cambiamos de escena y modernizamos el trasfondo: un chico muy musculoso y agresivo grita por una pantallita mientras explica que hacer ejercicio, levantarte a las 5 am cada día y hacerle la pelota al jefe de turno te hará ser rico como él.

En otro lugar, una chica con un aire muy tranquilo te explica que ella es su-per-fe-liz porque se toma un té de no sé qué y enciende una vela que hace olores agradables.

O un vídeo de un señor hecho por Inteligencia Artificial diciendo que, haciendo 5 minutos estos ejercicios, tendrás el cuerpo de un atleta o otro que te dice que el secreto para ligar con chicas es decir unas “siete palabras secretas” que, claro, no te puede decir si no has visto completo su vídeo y has pagado por uno de sus cursos

El mundo está lleno de “emprendedores” que, con conciencia de su engaño o de buenas intenciones, nos prometen el paraíso a precio de saldo: si hacemos esto o aquello, si pagamos por tal o cual, conseguiremos ser más guapos, ricos, oler bien y tener una vida fácil y feliz…

Cuando, en verdad, tener una vida fácil lleva mucho trabajo (o unos padres muy ricos) y ser feliz… “buenu”, es complicado.

Una perspectiva histórica sobre esta última nos será útil: en las Máximas de Shuruppak, escritas en la Mesopotamia del 2600 aC, un padre recomienda a su hijo que, si quiere tener una vida ordenada, debe evitar el exceso, controlar las emociones y portarse bien con los demás.

Las Instrucciones de Ptahhotep del Egipto del 2400 aC (año más, año menos) describen cómo tener una buena vida: evitar la ira, ser generoso y escuchar antes de hablar, entre otras cosas.

Y así podríamos seguir buscando y buscando y buscando en los 4600 y pico años que nos separan de estos dos: las secciones de autoayuda ya han pasado de ser estantes interesantes con libros con buenas ideas a ser un conjunto de “Haz lo que hago yo” y otras fórmulas su-per-e-fi-ca-das

Cuando, si esto fuera verdad, sólo habría un libro en toda la estantería!

Cuidado con los vendedores de milagros y utopías! Servidor de ustedes se despide, que acabo de ver un anuncio de un curso sobre cómo escribir artículos interesantes en 5 minutos y sólo me costará 20 euros… y eso que es un curso valorado en 200!!! ¡Un chollo!!!!