Josep Mateu (RACC) y el futuro de las carreteras y trenes en Cataluña
Josep Mateu, presidente del RACC, llega a un momento clave en su trayectoria y la del club en plena crisis de infraestructuras en Cataluña. La movilidad ferroviaria y viaria en el área de Barcelona ha sufrido un inicio de año de todo menos tranquilo.
Entre accidentes, problemas estructurales y decisiones políticas, el RACC propone un cambio radical que podría cambiar el futuro de las autopistas y vías de tren en Cataluña. Pero, realmente, ¿quién debería gestionar las infraestructuras?
La situación caótica de la movilidad en Cataluña
El comienzo del 2026 ha sido un desastre para la movilidad en Cataluña, especialmente en el área metropolitana de Barcelona. Un accidente mortal en Gelida, el viento fuerte que ha paralizado vías y el mal estado general de las infraestructuras han puesto al descubierto una realidad incómoda. Josep Mateu, presidente del RACC desde 2015, analiza la situación: "El gobierno no está haciendo las inversiones necesarias".
Pero no solo es un problema de dinero, sino de gestión y planificación. Las vías alternativas a las autopistas, como la N-340 o la N-2, casi han desaparecido por la transformación de tramos en zonas urbanas. Esto deja a la gente sin opciones y aumenta la saturación.
El RACC ha sido muy crítico con la gestión estatal, pero también apunta hacia una solución que podría sonar revolucionaria: que Cataluña se haga cargo de sus autopistas y vías de tren.
El traspaso de competencias: ¿una solución real?
Por qué Cataluña debería gestionar sus infraestructuras
Según Mateu, el traspaso de las autopistas y vías ferroviarias a Cataluña es la clave para mirar el futuro con más optimismo. "Si el gobierno central no invierte, que Cataluña decida qué hacer". Esta idea no es nueva: los vascos ya tienen desde 2020 sus vías de gran capacidad traspasadas a las diputaciones.
Este traspaso permitiría implementar sistemas como la viñeta (un pago por uso) o peajes más flexibles y adaptados a las necesidades locales, siempre garantizando vías alternativas y evitando conflictos sociales. Pero, como advierte Mateu, se debe tener mucho cuidado: "Los peajes no pueden ser obligatorios si no hay una alternativa real, y la planificación es clave".
Las encomiendas de gestión como paso previo
Una fórmula que está funcionando es la de las encomiendas de gestión, donde el Estado da dinero a la Generalitat para que ejecute obras pendientes. El Cuarto Cinturón del Vallès es un ejemplo de proyecto desbloqueado así.
Este sistema acelera la construcción y evita que los presupuestos se pierdan por falta de ejecución. El RACC ve con buenos ojos esta coordinación, pero insiste en que se debe mantener un enfoque metropolitano y no fragmentar esfuerzos.
Las zonas de bajas emisiones y la movilidad sostenible ponen en evidencia contradicciones
Las ZBE: un modelo fragmentado y controvertido
Los ayuntamientos son los que deciden sobre las Zonas de Bajas Emisiones (ZBE), pero la falta de un criterio unificado genera confusión. En Barcelona y Sant Cugat, por ejemplo, los requisitos para circular no coinciden, perjudicando especialmente a la gente con menos recursos.
Mateu denuncia que la gestión por crisis es una dinámica que no funciona. La suspensión de multas durante la crisis de Rodalies es un ejemplo de medidas improvisadas que no solucionan el problema de fondo.
El patinete eléctrico, entre el boom y la regulación
Desde el 1 de enero, el patinete eléctrico necesita seguro de responsabilidad civil. Pero la demanda crece lentamente porque muchos usuarios no son conscientes de esta obligación.
Los ayuntamientos han puesto el foco en las infracciones, pero la falta de información es general. El RACC ha propuesto incluso un "titulín" para los usuarios, similar al certificado de navegación. Mateu cree que el patinete tiene futuro como transporte urbano, pero que hay que acabar con el desorden del sharing, como han hecho en Estocolmo.
La movilidad interurbana, un reto pendiente y urgente
Por qué el transporte de entrada y salida de Barcelona falla
El 70% de los coches que circulan por Barcelona son de gente que viene de fuera. La red de transporte público interior, con metro y bus, funciona bien, pero el acceso a la ciudad es un caos, especialmente con Rodalies en crisis.
Mateu explica que la solución no es arreglarlo todo a la vez: "Primero hay que sanear el acceso metropolitano y luego la ciudad". Con 200 obras en marcha, todo es un lío que castiga la movilidad diaria.
Aparcamientos y autobuses: alternativas que van a paso lento
La creación de aparcamientos en las afueras de Barcelona para facilitar el transporte público está muy parada. Adif y las administraciones no han dado prioridad, y las zonas azules se han acabado abriendo a residentes, complicando la vida al visitante que quiere dejar el coche y coger el tren.
Como solución a corto plazo, el RACC apuesta por potenciar la red de autobuses interurbanos, que puede suplir deficiencias del tren aunque no tenga la misma capacidad.
El RACC y la Fórmula 1: más que un deporte
El RACC no solo se ocupa de movilidad e infraestructuras, sino que es un actor clave en los deportes de motor en Cataluña. La confirmación de que el Mundial de Fórmula 1 se mantendrá en Montmeló hasta 2032 (cada dos años) es una noticia que Mateu valora muy positivamente.
Puntualiza que mantener la Fórmula 1 en Barcelona no es solo deporte, sino un factor económico y de proyección internacional que no se puede perder, especialmente con la competencia de otras ciudades y países emergentes.
Reflexiones finales de josep mateu
El presidente del RACC pone énfasis en la necesidad de responsabilidad e independencia del club para ayudar tanto a sus casi 900.000 socios como a la sociedad catalana en general. "Observar, preguntar, escuchar y servir" es su mantra.
A pesar de las críticas de ciertos sectores, Mateu defiende que el club representa una pluralidad de movilidades y que la clave es entender que hoy la gente es multimodal: cambia de un medio a otro según la necesidad.
Respecto al futuro, insiste en que la movilidad en Cataluña solo podrá mejorar con una planificación a diez años vista, una visión metropolitana clara y una gestión local responsable. Y, sobre todo, con la autonomía que proporciona el traspaso de las infraestructuras. Sin esto, la situación caótica que sufrimos ahora se repetirá.