Cuando los hijos nos enseñan
Somos adultos, en muchos casos somos madres y padres, y se supone que somos nosotros los que debemos enseñar a nuestros hijos e hijas, o eso es lo que pensamos.

Pero si somos sinceros con nosotros mismos, ese pensamiento es un pensamiento bastante limitante, ya que muchas veces son ellos los que nos enseñan a nosotros.
No sé si vosotros os habéis sentido alguna vez así, pero a mí, los niños me enseñan a vivir el momento presente cuando se detienen a mirar una hormiga durante diez minutos.
Me enseñan a perdonar de verdad cuando cinco minutos después de una discusión ya han olvidado lo que les hizo enfadar tanto.
Me enseñan a ser valiente cuando prueban cosas nuevas sin miedo al ridículo.
Y sobre todo, me enseñan a ser mejor persona.
Porque educar no es un camino de una sola dirección. No es solo cuestión de transmitir conocimientos o valores de arriba a abajo. Es un diálogo constante, un camino que se recorre juntos, donde todo el mundo, si está dispuesto, aprende.
Cuando mis alumnos o mi hija me preguntan "¿por qué estás triste?" me obliga a poner nombre y apellido a mis emociones y, por tanto, estoy aprendiendo. Cuando me dicen "esto no es justo" me hacen replantear una decisión y, por tanto, estoy creciendo. Cuando me perdonan con tanta facilidad, me están enseñando sobre la generosidad.
Los niños no son recipientes vacíos que tenemos que llenar con nuestra sabiduría. Son personas completas, con su propia visión del mundo, a menudo más clara y honesta que la nuestra.
Este mes os invito a estar atentos a todo lo que os enseñan vuestros hijos. A escuchar de verdad sus preguntas, a valorar sus opiniones, a aprender de su forma de vivir.
Porque educar también es dejarse educar.
Hasta el próximo mes y que “PerPenseu” mucho.
