Aulas más flexibles en la URV: Cómo el diseño y la Tecnología mejoran el aprendizaje universitario

Descubre cómo la URV apuesta por aulas adaptables y tecnologías invisibles para potenciar el trabajo en grupo y el aprendizaje activo.
 Estudiants aprenent en aules flexibles per millorar el rendiment acadèmic i l'experiència educativa - Imagen de la Fuente
Estudiantes aprendiendo en aulas flexibles para mejorar el rendimiento académico y la experiencia educativa — Imagen de la Fuente

El modelo actual de aulas universitarias limita la participación y el trabajo colaborativo. La Universitat Rovira i Virgili propone un cambio radical: espacios flexibles que se adapten a diferentes metodologías e integren tecnología de manera funcional.

Quizás te has preguntado por qué muchas aulas universitarias parecen sacadas de otra época. La respuesta no es solo arquitectónica, sino pedagógica y tecnológica. Aquí tienes la clave para entender cómo cambiarlo.

El papel del espacio en el aprendizaje universitario

¿Qué aporta un espacio flexible al estudiantado?

Los espacios universitarios tradicionales se basan en un modelo unidireccional donde el profesorado transmite conocimiento y el alumnado lo asimila pasivamente. Este modelo se manifiesta en aulas con mobiliario fijo, orientadas hacia la pizarra o pantalla, y con recursos tecnológicos poco versátiles. Jordi Duch, investigador del Departamento de Ingeniería Informática y Matemáticas de la URV, señala que esta rigidez limita la posibilidad de actividades más participativas y colaborativas.

En cambio, un espacio flexible permite que el estudiantado participe activamente en el proceso de aprendizaje. El aula se convierte en un entorno donde el diálogo y la colaboración son posibles, facilitando metodologías centradas en la participación y el trabajo en equipo. Así, el espacio no es solo un contenedor, sino un agente activo que condiciona la manera en que se aprende.

¿Cómo influyen las condiciones físicas en las metodologías?

La investigación de la URV destaca que elementos como la forma del aula, el tipo de mobiliario, la iluminación, la acústica y los recursos tecnológicos no solo son detalles decorativos o funcionales, sino que tienen un impacto directo en las metodologías que se pueden desarrollar. Un espacio rígido tiende a favorecer solo una relación vertical entre profesorado y alumnado, mientras que los espacios reconfigurables y tecnológicos abren la puerta a procesos más complejos como analizar, evaluar o crear.

Mercè Gisbert, del Departamento de Pedagogía, apunta que la arquitectura por sí sola no garantiza resultados educativos positivos. El aprendizaje es fruto de una interacción dinámica entre personas, metodologías, espacio y tecnología. Por eso, un espacio tradicional puede ampliar sus posibilidades si se integran herramientas digitales flexibles y, al revés, un espacio innovador puede fracasar si no se utiliza con objetivos pedagógicos claros.

Incorporación de la tecnología y la participación del estudiantado

¿Cómo se integra la tecnología sin complicar?

Los investigadores defienden una "integración invisible" de la tecnología: que esta esté presente sin llamar la atención ni generar carga adicional para el profesorado o los servicios técnicos. Jordi Duch explica que sistemas fáciles de usar, compatibles entre sí y que no distraigan son clave para que toda la atención se centre en el aprendizaje.

Esta tecnología puede ir desde pizarras digitales interactivas hasta entornos inmersivos o plataformas que permiten la interacción en tiempo real. También se incluye la inteligencia artificial generativa, que puede personalizar itinerarios formativos, ofrecer retroalimentación inmediata o dar soporte en la evaluación. Todo esto, siempre que se implemente de manera accesible y coherente con las actividades educativas.

¿Por qué es clave la participación de los estudiantes en el diseño?

Mucha parte de los campus se han diseñado desde el punto de vista del profesorado y la gestión, lo que ha favorecido aulas magistrales y despachos individuales mientras que falta espacio abierto y reconfigurable. Roger Miralles, de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura, destaca que incluir al estudiantado en el proceso de diseño ayuda a identificar necesidades reales, evitar errores y adaptar los espacios a las diversas formas de aprender.

Además, el rediseño debe tener en cuenta la diversidad de orígenes, capacidades y trayectorias del estudiantado. La accesibilidad y la inclusión deben estar presentes desde el principio, con mobiliario ergonómico, iluminación regulable, accesos amplios y tecnologías de apoyo para necesidades motrices, sensoriales o cognitivas. También se plantea integrar la perspectiva de género para evitar reproducir desigualdades en el uso de los espacios y recursos.

Cambios organizativos y propuestas prácticas para la transformación

¿Qué retos organizativos implica la adaptación de aulas?

La transformación de espacios no se limita a cambiar mesas o instalar pantallas. Los espacios flexibles pueden requerir sistemas nuevos de reserva, personal capacitado para adaptar aulas y que el profesorado pueda configurarlas de forma autónoma. Los autores subrayan que hace falta un cambio cultural: pasar de maximizar la ocupación a buscar la configuración más adecuada para cada actividad.

Este cambio debería aplicarse en tres niveles: el aula y la práctica docente, los programas y departamentos, y finalmente las políticas e infraestructuras universitarias. La coordinación entre estos niveles es clave para garantizar que los cambios sean efectivos y sostenibles.

¿Cómo empezar a transformar las aulas sin grandes inversiones?

Los investigadores coinciden en que no hace falta esperar grandes presupuestos ni nueva construcción para iniciar la transformación. Intervenciones de pequeña escala, como reorganizar el mobiliario, aprovechar pasillos, zonas comunes o espacios exteriores, e incorporar herramientas tecnológicas sencillas pueden generar mejoras importantes.

Estas acciones permiten a las universidades con limitaciones arquitectónicas y presupuestarias comenzar a avanzar hacia entornos más favorables para el aprendizaje activo y colaborativo. Lo que realmente importa, según el estudio, es poner la pedagogía y las necesidades de las personas en el centro del diseño, más allá de la infraestructura física.

Aspecto Modelo tradicional Modelo flexible
Mobiliario Fijo, orientado a la pizarra Reconfigurable, adaptable a grupos y actividades
Tecnología Poca o convencional Integrada, fácil de usar y compatible
Participación Unidireccional (profesorado-alumnado) Colaborativa e interactiva
Accesibilidad Limitada Incluyendo ergonomía, iluminación regulable y soporte a diversidad
Gestión Asignación estática de espacios Sistemas flexibles de reserva y adaptación autónoma

Fuente del artículo: Universitat Rovira i Virgili