Sant Jaume d’Enveja recupera un Arròs de las abuelas con 20 participantes

Sant Jaume d’Enveja recupera una receta tradicional con 20 participantes en el Concurso Nacional de Arroces de la DOP Arroz del Delta.
 Sant Jaume d'Enveja recupera l'Arròs de les Àvies amb vint participants - Imagen generada por IA
Sant Jaume d’Enveja recupera el Arroz de las Abuelas con veinte participantes — Imagen generada por IA

La segunda edición del Concurso Nacional de Arroces de Sant Jaume d’Enveja ha reunido a una veintena de participantes para recuperar una receta tradicional deltaica. Todos han cocinado con los mismos ingredientes y poco más de una hora y media para demostrar que el arroz puede tener muchas caras.

En las antiguas instalaciones de la Cámara Arrocera, el olor del sofrito ha sido el reloj. Carne, verduras, delantal y prisa: una escena de cocina popular convertida en competición, con el recuerdo de las abuelas y los abuelos del Delta sobre cada mesa.

Un Concurso con una receta que vuelve a las mesas

¿Por qué Sant Jaume d’Enveja recupera este Arroz?

Porque la receta forma parte de la cocina tradicional deltaica y se había ido perdiendo. El concurso la pone nuevamente en el centro de una actividad pública, con participantes que han tenido que reproducirla en tiempo limitado y delante de un jurado.

No se trata solo de preparar un plato y esperar el veredicto. La propuesta quiere mantener vivo un patrimonio gastronómico transmitido durante años en las casas del Delta, donde las recetas no suelen llegar con medidas exactas ni instrucciones plastificadas.

Noelia Balagué, presidenta de la DOP Arroz del Delta, ha explicado que están recuperando «una receta perdida, que hacían las abuelas hace muchos años». La frase resume el ángulo humano del concurso: detrás de cada plato hay una memoria familiar que ahora pasa por los fogones de un certamen nacional.

Mismos ingredientes, resultados muy distintos

Los concursantes han partido de los mismos ingredientes, pero los arroces no han acabado siendo iguales. El jurado ha tenido que valorar el punto de cocción, el sabor, la presentación y la textura de cada una de las elaboraciones.

Esta diferencia es, precisamente, una de las gracias de la cocina tradicional. La base puede ser compartida, pero el fuego, el tiempo y la mano de quien cocina acaban dejando una huella propia. La receta puede ser la misma; el resultado, no tanto.

Con poco más de una hora y media para trabajar, los participantes han tenido que tomar decisiones rápidas y convertir una lista común de ingredientes en un arroz capaz de convencer al jurado. La prisa estaba ahí, pero el plato pedía control.

Veinte participantes y una comunidad alrededor de los fogones

¿Quién ha participado en el Concurso?

El certamen ha reunido a una veintena de participantes, entre vecinos de las Terres de l’Ebre y concursantes valencianos. Laura Garcia, de Roquetes, se ha estrenado con su pareja y ha defendido el valor de conservar las tradiciones culinarias.

«Es importante porque se mantenga la tradición, para hacer unión y comunidad», ha expresado Garcia a la ACN. Su participación muestra que el concurso no queda reducido a cocineros profesionales ni a una exhibición de técnica: también es un espacio para que los vecinos pongan en común lo que han aprendido en casa.

Entre las parejas participantes estaban Francesc y Paquita, procedentes del País Valenciano, que se han llevado el primer premio del certamen. El resultado añade una dimensión territorial a la jornada: la cocina del arroz conecta las dos riberas culturales que comparten tradiciones y maneras de prepararlo.

¿Qué está en juego más allá del premio?

Está la continuidad de una manera de cocinar y el reconocimiento de un ingrediente que identifica el Delta. También hay una idea muy concreta: el producto local necesita que la gente lo valore, lo compre y lo pague, no solo que aparezca en los discursos.

Joan Gòdia, director general de Empresas Agroalimentarias, Calidad y Gastronomía, ha definido el arroz con sello DOP como «un tesoro que debemos conservar y preservar». La DOP, ha remarcado, representa origen y calidad.

Por eso, el concurso funciona como una demostración pública del valor de el producto. No es una etiqueta decorativa: identifica una procedencia y sitúa el arroz del Delta en el centro de una actividad que el público puede ver, probar y juzgar con criterio propio.

La cocina deltaica, además, no vive separada del territorio que la produce. Cuando una receta recuperada se cocina en una antigua cámara arrocera, el plato explica de dónde viene antes que nadie haya probado la primera cuchara.

La ruta de la siega pone el arroz en el centro de las Terres de l’Ebre

¿Cómo se integra el Concurso en la ruta de la siega?

El concurso forma parte de la ruta de la siega del arroz, una propuesta que reparte actividades entre siete municipios de las Terres de l’Ebre. Esto amplía el alcance de la jornada y convierte el certamen en una pieza de un programa dedicado a un producto emblemático del Delta.

La ruta permite relacionar cocina, territorio y actividad arrocera sin separarlos en compartimentos. El concurso pone el plato en la mesa; la siega explica el trabajo que hay antes de que el arroz llegue a la cocina.

Para el lector de la zona, el detalle tiene peso: no se habla de una actividad gastronómica abstracta, sino de un recorrido que implica siete municipios de las Terres de l’Ebre y que reivindica una producción conocida en los hogares del territorio.

¿Qué pasa con la cosecha del arroz?

La entrada de arroz bomba en las cámaras arroceras ya se ha culminado. Noelia Balagué ha explicado que están muy contentos con los rendimientos y que calculan que, aproximadamente en una semana, comenzarán a segar a pleno rendimiento el resto de variedades.

Este dato sitúa el concurso dentro de un momento concreto del calendario arrocero. Mientras las parejas cocinaban una receta tradicional, el ciclo agrícola avanzaba con el arroz entrando en las cámaras y con la siega de las otras variedades cada vez más cerca.

El vínculo con el producto fresco también ayuda a entender por qué la gastronomía local no es una cuestión de decoración. El plato final depende de una cadena que comienza en el territorio, continúa con la cosecha y llega a la mesa a través de un producto con sello de origen.

La jornada deja una imagen sencilla y potente: veinte personas cocinando con los mismos ingredientes, un jurado mirando el punto del arroz y una receta de las abuelas recuperando espacio. En tiempos de recetas rápidas y platos que parecen salir de un catálogo, el Delta reivindica otra velocidad: la del fuego, la memoria y el gusto.

El Concurso Nacional de Arroces de Sant Jaume d’Enveja ha unido cocina tradicional, producto local y actividad arrocera en una misma jornada. La receta recuperada, la participación de vecinos ebrenses y valencianos, el primer premio de Francesc y Paquita y la ruta de la siega cuentan una historia que va más allá de un ganador: mantener vivo lo que da identidad a la cocina del Delta.

Preguntas frecuentes

¿Cuántos participantes ha habido en el concurso de arroces?
Una veintena de participantes han competido en Sant Jaume d’Enveja en la segunda edición del Concurso Nacional de Arroces organizado por la DOP Arroz del Delta.
¿Qué receta han tenido que preparar?
Los concursantes han elaborado una receta propia de la cocina tradicional deltaica, recuperada porque la hacían las abuelas del territorio hace muchos años.
¿Quién ha ganado el primer premio?
La pareja formada por Francesc y Paquita, procedente del País Valenciano, se ha proclamado ganadora del certamen.
¿Qué ha valorado el jurado?
El jurado ha tenido en cuenta el punto de cocción del arroz, el sabor, la presentación y la textura de los platos.
¿Dónde se enmarca esta actividad?
El concurso forma parte de la ruta de la siega del arroz, que reparte actividades entre siete municipios de las Terres de l’Ebre.

Fuente del artículo: Ariadna Escoda Padilla / Agencia Catalana de Noticias