El Mesón del Roser, templo clásico del almuerzo de tenedor, cierra

Reus dice adiós a uno de sus clásicos gastronómicos. El Mesón del Roser, un referente indiscutible del desayuno de tenedor, baja la persiana después de casi medio siglo.

Joan Musté, el cocinero de toda la vida, se jubila y deja atrás un local que ha sido más que un restaurante: un punto de encuentro para generaciones enteras.

Los inicios del templo del desayuno de tenedor

Con solo 24 años, Joan Musté tomó las riendas del Mesón del Roser en 1979, situado detrás de la iglesia de la Sang en Reus. Pero su vínculo con la cocina venía de lejos: diez años antes ya se movía entre fogones y camareros, empezando como aprendiz en restaurantes como Florida o el Sol de Oro de Salou.

Su objetivo era claro: cocina casera catalana de calidad y accesible para todos, especialmente para los trabajadores que buscaban un menú económico y contundente al mediodía. Y así fue hasta el final.

El secreto de la receta

La clave, según Musté, es cocinar como si fuera para uno mismo. La filosofía del Roser siempre ha sido ponerle el corazón y el tiempo necesario, porque un buen desayuno de tenedor no solo es comer, sino un ritual de conversación, calma y complicidad.

Los calamares a la romana, el cap y pota, los callos y la escudella estarán para siempre en la memoria de los clientes. Tanto es así que muchos pedían la salsa para intentar replicar la fórmula secreta, que nunca salió de la cocina.

Un local para toda la vida

El Mesón del Roser no era un restaurante cualquiera. Era un punto de encuentro donde se mezclaba gente de todos los sectores, alcaldes y visitantes provenientes de todas partes que venían expresamente a disfrutar del ambiente y la cocina, explica Musté.

La clientela, fiel y generacional, ha convertido este espacio en una segunda casa. Con una cocina sin concesiones y precios populares, el Roser ha dejado una huella difícil de borrar.

El final de una era

Aunque físicamente aún se siente con fuerza, Joan Musté ha decidido que ya toca descansar. Una dolencia en la garganta y el deseo de disfrutar de una jubilación bien merecida han llevado al cierre el último día de este febrero.

Su intención inicial era ceder el negocio, pero las reformas necesarias han frenado posibles relevos. Ahora, el local se alquilará con la idea de que mantenga el espíritu de un desayuno de tenedor, aunque nada será igual.

Despedida llena de emoción y recuerdos

Musté reconoce que la despedida está cargada de sentimientos y lágrimas, tanto de los clientes como de su familia de trabajo. Su esposa Jenny y las camareras Ninosca e Inés han sido compañeras indispensables en estos últimos años.

«Trabajar en un restaurante es un sacrificio si no te gusta, pero yo lo he disfrutado mucho gracias a la gente que me ha rodeado», concluye, mientras el tiempo parece detenerse en este último desayuno.

Fuente: Diari de Tarragona - Reus