Una influencer desafía toda la carta de Arguiñano en Zarautz y su frase sobre la tortilla no tiene desperdicio

En Zarautz no solo hay surf, sidra y pantalones cortos hasta noviembre. También hay un lugar donde las croquetas tienen apellido y la tortilla de patatas lleva firma televisiva.

Hasta allí se ha plantado una creadora de contenido con hambre —y muchos followers— para hacer lo que todo mortal ha soñado alguna vez: pedir toda la carta y ver qué pasa. Y sí, dijo una frase sobre la tortilla que aún resuena entre pintxo y pintxo.

Influencer menja tota la carta del restaurant de Karlos Arguiñano a Zarautz. Imatge karlosarguinano.com
Influencer menja tota la carta del restaurant de Karlos Arguiñano a Zarautz. Imatge karlosarguinano.com

A ver, hacer un vídeo en TikTok comiendo cuatro patatas fritas tiene un mérito relativo. Pero pedir toda la carta del bar de Karlos Arguiñano, grabarlo y después opinar con toda la naturalidad del mundo... eso ya es un deporte olímpico. La creadora de contenido Bysherezade, con casi 100.000 seguidores en la app del momento, ha sido la valiente que ha aceptado el reto. ¿Y el escenario? Zarautz, donde el mar acaricia la fachada del Hotel Restaurante Karlos Arguiñano.

El lugar en cuestión no es solo un restaurante. Es un ecosistema gastronómico: bar, hotel e incluso un córner de pastelería con productos de su hijo, Joseba Arguiñano. Todo ello con precios asequibles (al menos para ser un cocinero que sale cada día en la tele) y una carta que va de los desayunos a las carrilleras, pasando por los pintxos de toda la vida. Y claro, alguien tenía que ponerlo a prueba.

El tour gastronómico empieza

“Os enseño todo lo que se puede comer en el restaurante de Karlos Arguiñano”, arranca la influencer. Primero la gilda (2,90 €), después unas anchoas de proximidad (9,30 €) y, a continuación, la croqueta (3,20 €). Hasta aquí, normal. Pero el momento crítico llegaba con la tortilla de patatas. La prueba del algodón de cualquier bar o restaurante ibérico.

Su comentario fue tan corto como punzante: “De momento viene un poquito fría...”. Es decir, ni sí ni no, sino todo lo contrario. Pero después de probarla admitió que los 2,90 € estaban bien invertidos. El suspense quedó servido: Arguiñano ha aprobado la prueba de fuego, pero no con matrícula.

Una mesa que no paraba

El festival continuaba: bravas con picante casero (7,30 €), pintxo de txistorra (3,50 €), txiki con morcilla y pimiento (3,80 €) y el toldotxo, con merluza y harina de Zarautz (5,20 €). Todo esto antes de entrar en el capítulo final, con carrillera (5,30 €), bacalao frito (5 €) y un pintxo de txuleta (5,20 €). Para rematarlo, el ya mencionado córner pastelero, tentación para quien aún tenga espacio en el estómago.

Las reacciones: entre el amor y el hate

El vídeo ha encendido los comentarios. Algunos críticos aseguran que los pintxos “parecen los que te ponen en el bar del pueblo con la caña”. Otros han cargado contra la tortilla, “más seca que un pan de tres días”. Pero tampoco han faltado defensores apasionados: “El menú degustación es espectacular”, decía otro usuario que visitó el lugar, añadiendo que “todo me supo a gloria”.

En resumen: la visita de Bysherezade ha servido para poner encima de la mesa lo que ya se sabía: Zarautz es mucho más que olas y paseo marítimo. Es un escenario donde un cocinero mediático sigue siendo capaz de generar debate... aunque sea por una tortilla que llega un poco fría.

Arguiñano, entre el mito y la realidad

Karlos Arguiñano no necesita presentación. Televisión, libros, recetas y una trayectoria que le ha convertido en icono popular. Pero esta historia demuestra que, incluso con su prestigio, sigue siendo juzgado por el mismo criterio que cualquier bar de pueblo: ¿cómo está la tortilla de patatas?

Quizá ese es el secreto de su magnetismo: no hay estrellitas Michelin que valgan ante un plato tan simple como un huevo batido con patatas fritas. Y quizá por eso, en Zarautz, su cocina sigue siendo tema de conversación.

Por cierto, si quieres ver de qué hablamos, la web oficial del restaurante muestra algunos de los platos y servicios que ofrecen. Aunque, por supuesto, nada sustituye probarlo con una cerveza en la mano y el mar delante.