El Cierre Emotivo De La Pastelería Rovira En El Passeig Maragall
Un clásico de Barcelona baja la persiana después de décadas de presencia en el barrio de Horta. La noticia ha circulado por las redes con mucho sentimiento y nostalgia.
El cierre de un establecimiento con historia no ha pasado desapercibido, especialmente para las generaciones que han crecido comprando cocas y pasteles. Pero, ¿qué esconde esta decisión?
La historia que esconde la pastelería Rovira
El local del número 413 del paseo de Maragall ha sido un punto de encuentro para vecinos y amantes de la pastelería artesanal durante 72 años. Desde 1954, dos generaciones han mantenido vivo un oficio que, más que vender dulces, repartía recuerdos y tradiciones.
El mensaje colgado en el escaparate no dejaba lugar a dudas: «Después de más de 70 años es hora de empezar una nueva etapa». No es una despedida cualquiera, sino un adiós cargado de emoción y gratitud hacia todos aquellos que han hecho posible esta aventura.
Pero lo que no dicen explícitamente, aunque se puede intuir claramente, es que el motivo principal de este cierre no ha sido una mala gestión ni una crisis repentina. Lo que pesa más es el contexto económico que rodea a muchos negocios con historia en Barcelona.
Un afecto que trasciende el negocio
Los pasteleros han visto crecer a diversas generaciones: «Niños que venían de la mano con sus padres y que, con el tiempo, vienen con sus hijos». Y eso no es poca cosa. Este vínculo va más allá de vender un roscón o una coca, es un lazo con la comunidad que ahora se rompe.
La despedida en el paseo de Maragall ha sido tan emotiva que ha movilizado a vecinos, periodistas y escritores. Màrius Serra, un referente cultural, ha expresado en Twitter su tristeza: «Echaremos de menos las cocas y los pasteles de can Rovira». Y no es el único; el periodista y presentador Jordi Basté también ha recordado con afecto aquellos domingos cuando la madre iba a buscar la nata para desayunar.
Contexto de cierres históricos en Barcelona
Este no es un caso aislado. A inicios de 2026, diversos negocios con raíces profundas en la ciudad han bajado la persiana. Por ejemplo, el horno Santa Clara en Gràcia, que cedió ante la subida brutal del alquiler, o la ferretería Camps, también en Gràcia, que no pudo asumir un alquiler mensual de 15.000 euros.
Estas situaciones reflejan una realidad que muchos pequeños comercios viven en el día a día: el precio de los locales comerciales se ha disparado y eso hace inviable la continuidad de negocios familiares con historia y trayectoria.
El mito de la Barcelona turística y los locales tradicionales
Barcelona es una ciudad que no deja de crecer, pero con este crecimiento llegan problemas que afectan sobre todo a los establecimientos de toda la vida. Los locales míticos, que dan personalidad e identidad a los barrios, están desapareciendo a un ritmo alarmante.
Vecinos y clientes habituales lamentan cómo «la vida es así», pero no dejan de sentir la pena por perder un lugar donde la calidad y el afecto por lo que se hace eran la norma, no la excepción.
El legado de la pastelería Rovira: una mirada a sus clásicos
La pastelería Rovira no solo se conocía por su longevidad, sino por su producto: pasteles artesanales y bombonería que a menudo mencionaban los clientes como únicos e inolvidables.
Las cocas y las cañas de crema eran la joya de la corona. Muchos vecinos recuerdan con nostalgia la calidad y el cuidado que ponían en cada pieza, y también la atención cercana y amable que les hacía sentir como en casa.
Una tabla con los productos más recordados
| Producto | Descripción |
|---|---|
| Cocas artesanales | Costra crujiente y rellenos tradicionales, un clásico para fiestas y celebraciones. |
| Pasteles de crema | El sabor intenso y suave que enamoraba a grandes y pequeños. |
| Bombones artesanales | Recetas familiares que transmitían la esencia de la pastelería artesanal. |
Cerrar después de 72 años no es solo una decisión empresarial, es un punto y final a una etapa que ha dejado huella en el barrio y en muchas mesas de Barcelona.
Vecinos, clientes y expertos reflexionan
Las redes sociales se han llenado de mensajes de agradecimiento y tristeza. Un cliente recordaba: «Compré el roscón de reyes y ya no la vi más abierta. Me da mucha pena.»
El escritor Màrius Serra y el periodista Jordi Basté han dado voz a este sentimiento compartido, poniendo en evidencia la conexión emocional que casi todos tenemos con estos pequeños comercios.
Un experto en comercio local comentaba en 2026 que «la desaparición de negocios así es una pérdida cultural y económica que afecta a la identidad de los barrios». Esto explica por qué este cierre ha sacudido tanto a la comunidad de Horta.
La resistencia de los pequeños negocios en el barrio
A pesar de la despedida de la Rovira, aún hay pastelerías que hacen frente al embate, especialmente en el barrio de Sant Antoni, que sigue destacando por su oferta dulce y artesanal.
Esto nos recuerda que, a pesar de las dificultades, el patrimonio gastronómico local aún tiene vida, pero que habrá que hacer esfuerzos para protegerlo y garantizar que siga presente en la vida cotidiana de los vecinos.
La realidad es que la pastelería Rovira deja un vacío difícil de cubrir, pero también un legado de calidad y afecto que perdurará en la memoria colectiva del paseo de Maragall y de Horta.
Para más información sobre el comercio local e iniciativas de protección, podéis consultar el Ayuntamiento de Barcelona.
Un adiós que no olvidamos.