La caída del vino tinto en Cataluña: blanco o nada?

El vino en Cataluña está cambiando, y no precisamente por gusto o capricho. En solo cinco años, las botellas vendidas han caído de 100 a 78 millones, y el vino tinto parece estar quedándose atrás frente al blanco.

El público joven reclama vinos más ligeros y menos alcohólicos, y las bodegas empiezan a sufrir por un stock creciente que no sabe dónde va a parar. Pero, ¿qué hay detrás de este giro?

El descenso imparable del vino tinto

Los datos del Institut Català de la Vinya i el Vi (Incavi) no engañan: el consumo de vino en Cataluña ha caído un 22% en cinco años. Se pasa de 100 millones de botellas vendidas en 2019 a solo 78 millones en 2024. Donde más se nota la sangría es en los vinos tintos, que hace unos años dominaban claramente el mercado.

¿La causa? Los jóvenes, caprichosos o no, prefieren cada vez más los vinos blancos: más frescos, más ligeros, y con menos alcohol. Parece que el tinto se está quedando en la era de lo 'clásico' mientras el blanco se pone de moda.

Un cambio de paladar generacional

Josep Marrugat, portavoz de Unió de Pagesos, apunta que la caída del consumo tiene varias razones, como las campañas antialcohol que han dejado el vino en un segundo plano, y la preferencia por bebidas con más valor añadido, más caras, que hacen que el vino pierda consumidores.

También se suma un tema económico, religioso y de salud, según Marrugat, que explica que hay gente que no toca el vino por uno de estos motivos. Esto hace que la venta de vinos tintos haya caído mientras el blanco se mantiene fuerte.

El vino blanco se roba el protagonismo

La tendencia no es solo un rumor: la venta de vinos blancos ya se ha equiparado a la de tintos. El pasado noviembre, por ejemplo, se tuvo que hacer una destilación de crisis de más de un millón de litros de vino tinto sobrante, impulsada por ayudas públicas.

La destilación separa el alcohol del vino tinto y lo destina a usos industriales o energéticos, como la fabricación de desinfectantes o productos farmacéuticos. Esto muestra el grado de saturación que ha alcanzado el mercado del vino tinto.

Los motivos de la moda por el vino blanco

Albert Vinyals, experto en psicología del consumo, relaciona el auge del vino blanco con los cambios en la gastronomía. Platos tradicionales como la ternera con setas, que maridan con vino tinto, han perdido popularidad frente a la comida asiática, más ligera y fresca, que acompaña mejor con vinos blancos.

O sea, que el paladar joven se ha puesto a dieta asiática y, de paso, ha dejado el tinto en el armario.

La presión a los viticultores y el futuro incierto

Ante este panorama, los payeses piden ayudas para adaptarse. El portavoz Marrugat explica que muchos viticultores quieren cambiar a variedades de uva blanca o incluso arrancar viñas que ya no tienen salida.

Proponen un "arranque social" para payeses mayores de 55 años, como una jubilación anticipada para quien no pueda adaptar las viñas.

El precedente de otras regiones

En Francia, por ejemplo, se han eliminado casi 20.000 hectáreas de viña negra. En Castilla-La Mancha, la viña ha dejado paso a cultivos como el olivo, los pistachos o los almendros.

Marrugat admite que no queda mucha alternativa: "Hay que hacer estos cambios a pesar del aprecio por la viña y el paisaje," porque seguir produciendo un vino que no se vende es un despilfarro.

El auge del vino "brisado" u "orange wine"

Curiosamente, en la Terra Alta se recupera un vino histórico: el vino brisado u "orange wine". Este vino, elaborado con un proceso que deja que la uva blanca macere con las pieles, se ha puesto de moda entre los jóvenes y los amantes de vinos diferentes.

Así, mientras el tinto tradicional se queda atrás, nuevas tendencias como el vino brisado dan esperanza a la viña catalana.

Fact box: datos clave del consumo de vino en Cataluña

Año Botellas vendidas (millones) Porcentaje de caída
2019 100  
2024 78 -22%

Una mirada al futuro del vino catalán

Antoni Castellà, secretario de la DO Catalunya, reconoce que el consumo no está en su mejor momento, pero ve una cara positiva: se beberá menos vino, pero de mejor calidad.

Esto significa botellas más caras, que podrían compensar la bajada en volumen de ventas y ayudar a mantener la economía del sector.

Así pues, el vino catalán se encuentra en plena transformación: de la cantidad a la calidad; del tinto al blanco; de lo antiguo a nuevas propuestas como el vino brisado. Un cambio que seguramente no dejará indiferente a nadie.

Para saber más sobre la DO Catalunya y sus iniciativas, puedes consultar la web oficial aquí.

Si te gusta el vino, quizá ya sientes este giro en cada sorbo. Y si no, quizá es hora de probar un blanco o un vino brisado y dejar atrás el clásico tinto.