El búnker secreto de un millón de botellas en Esparreguera
En Esparreguera, bajo la montaña de Montserrat, hay un secreto que no verás en el mapa: una bodega subterránea que parece un refugio para vinos y fantasías. La finca de Ca N’Estruc, fundada en 1548, guarda algo más que viñedo e historia.
Un búnker de botellas se esconde bajo el aparcamiento, pero no es cualquier almacén: es un universo donde un millón de botellas esperan su oportunidad, en un laberinto de estanterías y elevadores que parecen salir de una película. Y, aun así, no te hemos dicho la mejor parte.
La bodega oculta en el viñedo de Ca N’Estruc
En Ca N’Estruc, la vida subterránea es la que manda. Mientras el viñedo crece en la superficie, bajo tierra hay un espacio que desafía cualquier idea convencional de almacén de vinos: un búnker de 13 metros de altura hecho de hormigón, donde la tierra que excavaron volvió al viñedo. Así, la raíz alimenta la tierra y el vino, en un círculo casi poético.
Vestidos con chalecos fosforescentes (que parece más un ritual que una norma), Siscu Martí, socio y alma mater de la bodega, te invita a bajar unas escaleras que conducen a un balcón con vistas a un millón de botellas ordenadas con una precisión casi quirúrgica. Romanée-Conti y Borsao coexistiendo sin dramas, porque aquí no hay clase social entre vinos.
La operación logística de un almacén subterráneo
El tránsito de los elevadores, que suben y bajan palés, es constante. Siscu y Quim Vila, su compañero, explican que cada día 55.000 botellas entran y salen. No es un supermercado, es una farmacia del vino: pides una botella en Madrid, y al día siguiente la tienes en la mesa.
El sistema de almacenamiento no deja margen para errores. Cada caja está numerada y organizada para evitar confusiones, porque un vino flipado como el Pingus 2018 puede aparecer justo al lado de un Borsao que no quiere ser menos.
Un búnker único en el mundo
Hay almacenes de vinos enormes en todo el planeta, pero pocos se han adentrado bajo tierra, en pleno viñedo, para conservar el producto en coherencia con su origen. Este lugar no solo es un almacén, es un refugio, literalmente: Siscu bromea que, si Trump decidiera invadir, aquí podríais esconderos entre botellas de gran nivel.
El viñedo, el vino y el futuro
En la superficie, la finca conserva la esencia. Con Pol Urpí, enólogo de Ca N’Estruc, catamos vinos que aún son futuro: el Idoia 2025, todavía en crianza, promete alegrías similares al Idoia 2021, que ya acompaña platos tan locales como unos guisantes del Maresme con jamón Maldonado y trufa.
El xarel·lo, macabeo, chardonnay y garnacha se entrelazan en un proyecto que combina tradición y modernidad, mientras Siscu, con los pies bien puestos en el suelo aluvial, afirma que hacer vino es un placer y una satisfacción que no se explica con números.
La presentación y la cata por parejas
El motivo real de la visita a Ca N’Estruc fue la presentación del cartel del 18º Premi Vila Viniteca de Tast per Parelles, un evento que reúne a catadores en la Casa Llotja de Mar, Barcelona. Las inscripciones volaron, demostrando que el interés por el vino de calidad está más vivo que nunca.
Verònica Fuerte, de Hey Studio, ha creado un cartel que juega con formas redondas, que pueden ser uvas, fondos de botellas o la propia competición. Un detalle que refleja que, bajo la superficie, la creatividad y la pasión brotan con fuerza.
Datos rápidos de Ca N’Estruc y Vila Viniteca
| Aspecto | Detalle |
|---|---|
| Fundación finca | 1548 |
| Capacidad almacén | Más de un millón de botellas |
| Altura búnker | 13 metros |
| Volumen movimiento botellas | 55.000 botellas diarias |
| Localización | Esparreguera, a los pies de Montserrat |
Si quieres ver más sobre el evento, la Casa Llotja de Mar y Vila Viniteca, puedes visitar su web oficial aquí.
La magia del vino que no se ve
La bodega Ca N’Estruc no se deja ver desde el aire. Es un tesoro oculto, un lugar donde la historia y la modernidad se dan la mano bajo tierra. Siscu Martí, que vive allí y hace vino allí, resume la filosofía del lugar con una sonrisa: “Hacer vino es mejor que una cuenta de explotación, ¡hacer vino es un placer!, ¡hacer vino es la hostia!”
Y es que, al fin y al cabo, guardar, crear y beber vino no es solo un trabajo, es una aventura con sabor y olor de montaña, tierra y viñedo.