Bellmunt vende pan sin horno: el secreto de los miércoles
Bellmunt d’Urgell, con solo 174 habitantes, vive un ritual muy curioso cada miércoles. Sin horno ni tienda, el ayuntamiento se convierte en un punto de venta de pan artesanal que no deja indiferente a ningún vecino.
Pero no solo es el pan: el pueblo mantiene una red de encargos y compras colaborativas que va más allá de la necesidad, es un punto de encuentro y un acto social que sorprende.
Un pueblo sin horno pero con pan cada semana
En Bellmunt d’Urgell, la ausencia de un horno no ha impedido que el pan sea protagonista cada miércoles al mediodía. El ayuntamiento se transforma en una especie de tienda improvisada donde la trabajadora municipal reparte las hogazas que llegan de un horno artesanal de Montgai. Un servicio que va más allá de la simple venta, según explica la alcaldesa, Cristina Teixidó.
Los vecinos hacen sus pedidos semanales, incluso vía WhatsApp, y reciben el pan etiquetado con su nombre. Una logística que parece de pueblo grande pero con toda la sencillez de aquí.
Los protagonistas del pan y la vida en el pueblo
Los clientes fieles como Valentina, Ramon, Teresa o Laura no esconden su entusiasmo. Compran pan para toda la semana y lo congelan, asegurando que un congelador les hace más servicio que una televisión. Este detalle no solo revela la práctica cotidiana sino también cómo se vive la vida en Bellmunt.
La versatilidad de la trabajadora municipal, que “hace de todo”, es un reflejo de esta comunidad donde todo el mundo se implica. “Ayudarse y convivir. Es lo que hemos hecho siempre”, explican algunos vecinos que también recogen el pan si alguien no puede ir.
Viernes de mercado y más allá del pan
Pero Bellmunt no solo se mueve los miércoles. Los viernes, la plaza acoge dos paradas de fruta, verdura y otros productos básicos como leche, pasta o conservas. La misma fórmula de pedidos previos asegura la comodidad para los vecinos.
El carácter social de estos encuentros es clave. La alcaldesa lo describe como un momento para socializar que refuerza el espíritu de comunidad, más necesario que nunca en los pueblos pequeños.
¿Un modelo a seguir para otros pueblos pequeños?
El sistema de encargos, la colaboración vecinal y el trabajo polivalente de los empleados municipales son ingredientes que mantienen vivo un pueblo que podría parecer desconectado, pero que no lo está en absoluto.
Las experiencias de Bellmunt resuenan más allá de su término municipal y ponen sobre la mesa una pregunta: ¿puede la tecnología y la solidaridad salvar el comercio local en los pequeños pueblos?
Según Cristina Teixidó, solo falta un espacio adecuado para mejorar el servicio, pero la esencia ya está. Esto, y un buen pan que llega semanalmente, es suficiente para alimentar mucho más que el estómago.