51 aspirantes de Tarragona quieren ser Guardia Civil: ¿qué hay detrás?

El café con hielo y la barra del bar del pueblo están llenos de conversaciones sobre fútbol, política y, sorprendentemente, sobre oposiciones. En Tarragona, este septiembre, hay un tema inesperado que ha irrumpido con fuerza en las tertulias locales: la Guardia Civil.

Que 51 tarraconenses quieran enfundarse el tricornio en pleno 2025 no es solo un dato estadístico, es una señal. Y esa señal, según quien la lea, despierta orgullo, desconcierto o uno de esos silencios incómodos que solo rompen los vasos de vermut al caer sobre el mostrador.

Aspirants de Tarragona a la Guàrdia Civil
Aspirants de Tarragona a la Guàrdia Civil

En Catalunya, la relación con la Guardia Civil siempre ha estado cargada de matices. Entre recuerdos de controles en la N-340, chistes de sobremesa y la imagen de un cuerpo históricamente percibido como forastero, la noticia de que 51 aspirantes de Tarragona compiten por conseguir plaza abre un debate que va mucho más allá de una convocatoria de oposiciones.

Tarragona, tercera en Catalunya

La cifra sitúa a la provincia en el podio catalán, solo por detrás de Barcelona y por delante de Girona y Lleida. En total, 317 catalanes se han presentado a la convocatoria de este año, frente a los más de 27.000 opositores de todo el Estado. Los números son fríos, pero el contexto no lo es tanto.

¿Por qué un joven tarraconense, en un momento en que el independentismo todavía resuena en las plazas, decide jugársela a una carrera dentro de la Benemérita? Quizá la respuesta es más terrenal de lo que querrían los analistas de tertulia.

Un uniforme con doble lectura

La estabilidad laboral es, para muchos, la primera respuesta. Un sueldo fijo, destino seguro y prestigio dentro de una institución estatal que todavía conserva un halo de orden y autoridad. Pero para otros, vestir el tricornio puede tener una lectura política: un gesto de normalización, de encaje e incluso de reivindicación de la propia catalanidad dentro de la estructura española.

Desde la óptica de un catalanismo conservador, la entrada de catalanes en la Guardia Civil no se ve como una renuncia, sino como una manera de tener voz y presencia dentro de una institución que, al fin y al cabo, también actúa en Catalunya. Una manera de decir: “Si tenemos que estar, estaremos a nuestra manera”.

Datos que hablan

La participación femenina en Tarragona es del 27,5%, por debajo de la media estatal. Aun así, es un porcentaje que crece respecto a años anteriores. También destaca que uno de cada tres opositores tiene título universitario, hecho que refleja la precariedad que viven muchos graduados y que les empuja a buscar salida en los cuerpos de seguridad.

Y no solo en Catalunya. A nivel estatal, hay opositores con másteres e incluso doctorados que prefieren asegurarse un futuro bajo la bandera de la Guardia Civil antes que seguir encadenando contratos temporales.

El debate en la calle

El tema divide. Hay quien lo ve como una traición simbólica, sobre todo en comarcas donde la memoria de 2017 todavía pesa. Pero también hay quien interpreta que estos 51 aspirantes son un síntoma de normalización, de la voluntad de algunos catalanes de no vivir en permanente confrontación.

En la barra del bar, entre tortilla y aceitunas, hay quien suelta: “Al final, mejor que los guardias sean de aquí que de Valladolid”. Una frase dicha con media sonrisa, pero que tiene trasfondo: si la institución ha de tener poder en Catalunya, mejor que tenga acento del Camp.

La formación y el futuro

Los que superen las pruebas acabarán en las academias de Baeza o Valdemoro, lejos de casa, en un entorno totalmente castellanizado. Y, sin embargo, muchos aspirantes ven ahí una oportunidad de carreras estable y movilidad. La idea de “hacer las Españas” ya no tiene el mismo peso romántico de antes, pero sí el mismo componente de necesidad económica.

Catalunya dentro de la Benemérita

Es paradójico, pero mientras en ciertos sectores todavía se ve la Guardia Civil como un cuerpo ajeno o represivo, cada vez hay más catalanes que quieren entrar. No es un fenómeno masivo, pero sí lo bastante significativo como para abrir debate. La pregunta es si este proceso acabará generando una Guardia Civil más catalana, o bien si los nuevos aspirantes acabarán diluidos dentro del engranaje estatal.

Un tema para pensar

El hecho de que más de medio centenar de tarraconenses decidan opositar es, en sí mismo, un espejo de la realidad actual: menos épica y más pragmatismo. Menos banderas y más nóminas. Pero también, en el fondo, una manera de afirmar que Catalunya y los catalanes siguen presentes allí donde se toman decisiones, incluso dentro de los pasillos verdes y grises de la Guardia Civil.

Como dice el viejo refrán: “Quien tiene hambre, sueña pan”. Y en tiempos de inseguridad laboral, la Benemérita ofrece un pan redondo y asegurado. La cuestión es si, en el futuro, ese pan tendrá sabor a aceite de oliva del Priorat o seguirá siendo el de siempre, industrial y sin mucho sabor.

📌 Puedes consultar los datos oficiales en la web de la Guardia Civil.