Conducir a diario un coche eléctrico de 1979: autonomía y soluciones
Conducir un coche eléctrico parece cosa del futuro, pero ¿qué sucede cuando ese futuro viene del pasado? Un modelo de 1979 todavía circula sin complejos y con detalles que parecen de otra galaxia.
Autonomía e innovación no siempre van de la mano con la tecnología más reciente. Este histórico eléctrico sorprende incluso a los más expertos, y no solo por su edad.
Un clásico que no se ha querido jubilar
Cuando pensamos en coches eléctricos, casi siempre nos vienen a la mente modelos ultramodernos, cargadores rápidos e interiores con pantallas gigantes. Pero la realidad es que la movilidad eléctrica ya tenía sus pioneros, aunque muchos se quedaran por el camino por la tecnología limitada y la falta de interés.
El caso de Declan Cav, un joven estadounidense, rompe esta idea. Él conduce diariamente un único coche eléctrico fabricado entre 1979 y 1982: el Unique Mobility Electrek. Un vehículo que ni siquiera su creador recuerda con exactitud cuántos se hicieron, estimando que solo salieron entre 50 y 75 unidades. Y que hoy, sorprendentemente, sigue rodando con total normalidad.
Esta unidad es la primera salida de fábrica, con un precio original que rondaba los 70.000 euros actuales, una cifra casi de un lujo inalcanzable en aquella época.
Autonomía real: 209 km y una batería con mejoras
El modelo original se anunciaba con 161 km de autonomía a 72 km/h, gracias a una batería de plomo de solo 16 kWh. Pero Cav, que ha actualizado su coche con un paquete de baterías de 32 kWh, afirma que consigue una autonomía real de 209 km. No está nada mal para un vehículo que tiene casi 50 años.
Sin cargar con prisa, ya que el sistema solo soporta 3,3 kW de potencia, la recarga es lenta pero suficiente para un uso diario. Todo un contraste con los cargadores rápidos que vemos hoy día, pero que no impiden que este coche sea práctico en la vida real.
Potencia y conducción: un eléctrico con alma
En potencia, el Electrek se vendía con 32 CV oficiales, pero según Cav, la realidad es más cercana a los 51 CV. La velocidad máxima homologada era de 121 km/h, aunque nunca ha pasado de los 105 km/h. Las aceleraciones son cortas y potentes hasta los 48 km/h, pero después el coche pierde fuerza, especialmente en subidas, donde sus 900 kg se hacen notar.
Una de las curiosidades es que, a pesar de ser un eléctrico, este modelo lleva cambio manual, algo que hoy en día parece un oxímoron. Cav explica que suele arrancar en tercera y el coche no se cala, una experiencia lejana de lo que imaginamos cuando hablamos de vehículos eléctricos actuales.
Detalles que sorprenden: el secador de pelo y más
Para desempañar los cristales en un clima donde la nieve es habitual, los ingenieros optaron por una solución tan directa como inesperada: un secador de pelo integrado bajo el salpicadero del lado del pasajero. Este aparato, activado con un botón, sopla aire caliente hacia el parabrisas. Cav asegura que funciona, aunque casi no lo utiliza.
El coche conserva una estética muy de los años 70, con una consola enorme, asientos blandos pero cómodos y un interior lleno de esferas y palancas que transmiten ese aire retro tan especial. El pasajero, por cierto, dispone de mucho espacio para las piernas.
Un Frankenstein de piezas prestadas
El Electrek es casi un rompecabezas. Pilotos de un Chevy Monza, portón de un Ford Pinto, volante y caja de cambios de Volkswagen, e incluso las alfombrillas con el logo de GM. Pero lo que no fue un bricolaje fue el tren motriz, que se diseñó a medida con la colaboración de General Motors.
Todo este lío de cables, fusibles y piezas parece caótico, pero Cav asegura que tiene sentido cuando entiendes la filosofía del proyecto. Y eso es parte de su encanto, un coche que es una pieza viva de una época en la que todo estaba por inventar.
Conducirlo hoy: un viaje a otra época
Conducir este Electrek no es como coger cualquier coche eléctrico moderno. Sin servofreno ni servodirección, con un motor ruidoso que Cav define como un grito, y una frenada regenerativa que hay que administrar con cuidado para no romper nada.
Cav explica que se puede llevar casi como un automático: arranca en tercera y no hace falta embragar mucho, una experiencia extraña pero funcional. La sensación no es de lentitud, pero sí que a partir de 56 km/h el coche se vuelve más perezoso, sobre todo en pendiente. El ruido del viento y del motor es notable, pero para él eso es parte de lo que hace que el coche sea especial.
¿Por qué seguir con un clásico?
En casa también tiene un Chevy Volt, más moderno y práctico, pero Declan prefiere su Electrek por la diversión y la personalidad. No le importa que sea ruidoso, antiguo o que tenga unas cuantas rarezas. Es, en definitiva, un coche con alma e historia, una apuesta diferente en un mundo donde todo parece igual.
Este coche, que costaba 82.000 dólares en su lanzamiento (unos 70.000 euros al cambio), es un testimonio vivo de la movilidad eléctrica antes de que fueran cool. Y que, a pesar de los años, sigue sorprendiendo cada día a quien lo conduce y a quienes lo ven pasar.