Hombres más religiosos y agresivos, el perfil con más transfobia en Cataluña
Los hombres más religiosos y agresivos son los que muestran niveles más altos de transfobia y tienden al acoso contra personas trans. Esta combinación de factores dispara el odio y la violencia hacia la diversidad de género.
Un estudio del Departamento de Psicología de la Universidad Rovira i Virgili (URV), con 333 participantes de Tarragona, Barcelona y Lleida, analiza cómo la religiosidad y la agresividad configuran este perfil discriminatorio.
Hombres, heterosexuales y la religiosidad, el cóctel más agresivo
Perfil con más tendencia a la transfobia
El estudio de la URV deja claro que los hombres presentan niveles de transfobia mucho más altos que las mujeres. No solo eso: también acumulan más agresividad física y verbal, y menos capacidad de empatía, especialmente para compartir los sentimientos de las otras personas.
En cuanto a la orientación sexual, las personas heterosexuales son las que muestran más actitudes discriminatorias. Estos datos rompen la idea de que la edad o la ideología política serían los principales motores de estas actitudes, ya que no se encuentran asociaciones claras.
Religiosidad como factor clave
La religiosidad, medida por creencia, asistencia a culto e importancia de Dios, emerge como el principal predictor de transfobia y acoso. Las personas con más práctica religiosa muestran un aumento significativo de estas actitudes hostiles.
Este hecho no implica que la fe genere odio, sino que los espacios religiosos a menudo no incorporan discursos explícitos contra la discriminación de las personas trans, dejando lugar para este rechazo.
Agresividad física y verbal: los detonantes de la violencia directa
Cómo la agresividad anticipa las agresiones
La agresividad física y verbal es otro factor que se relaciona con niveles más altos de transfobia y con la violencia física directa contra personas trans. El estudio indica que la combinación de transfobia y agresividad física explica casi un 28% de la variabilidad en las agresiones.
En cambio, la empatía, sobre todo la afectiva que implica compartir emociones, actúa como contrapeso y reduce tanto el odio como las agresiones.
Empatía como herramienta preventiva
Las personas con menor capacidad de emocionarse con el sufrimiento ajeno tienden a adoptar actitudes más hostiles. Por ello, fomentar la empatía es clave para minimizar la transfobia y la violencia.
Esto refuerza la necesidad de incluir programas educativos y terapéuticos que trabajen la gestión de la ira y la comprensión emocional.
Proyectando soluciones: ¿qué dicen los expertos?
Retos en el ámbito religioso
Los investigadores de la URV apuntan que las confesiones religiosas deberían incorporar discursos explícitos contra la discriminación de las personas trans, convirtiendo sus espacios en entornos comprometidos con la inclusión y la dignidad.
Según Jorge Dueñas, investigador de la URV, la religión puede ser un aliado contra el estigma si se promueven mensajes claros que rechacen el odio.
Estrategias para combatir la agresividad y la transfobia
Una de las recomendaciones es implementar programas de gestión de la ira y reducción de la violencia física, combinados con actividades que estimulen la empatía afectiva. Así, se podría disminuir tanto el rechazo como la probabilidad de que este desemboque en agresiones.
Aunque la muestra está limitada a tres ciudades catalanas y con poca representación de personas trans y no binarias, la investigación traza un mapa valioso de los factores de riesgo que hay que tener en cuenta para futuras políticas y campañas de sensibilización.
La religiosidad y la agresividad no son solo estadísticas: son la cara visible del odio que aún hay que combatir.
Fuente del artículo: Universitat Rovira i Virgili