Quién fue el Virrey Amat y por qué da nombre a una plaza y metro de Barcelona
Barcelona y Gràcia esconden una historia poco conocida detrás de una plaza y una estación de metro. ¿Te lo has preguntado alguna vez?
La figura de un virrey del siglo XVIII, con un pasado lleno de secretos y palacios, es la clave para entender este enigma urbano.
¿Quién era Manuel de Amat i Junyent, el virrey Amat?
Si, paseando por Barcelona, alguna vez te has movido por el barrio de Nou Barris y has pasado por la estación de metro Virrei Amat, seguro que te preguntas: ¿quién era este señor? Pues bien, Manuel de Amat i Junyent no era ningún barcelonés cualquiera, sino un aristócrata nacido en 1704 en Vacarisses, hijo de los marqueses de Castellbell y Castellmayá.
Antes de dejar huella en Barcelona, fue militar y recorrió lugares tan diversos como África, Nápoles y Malta. Pero su nombre se hizo famoso sobre todo en América del Sur, donde fue virrey del Perú (entre 1761 y 1776) y gobernador del Reino de Chile.
Un virrey en el otro extremo del mundo
Su mandato en Sudamérica fue complejo y prolífico. Modernizó el puerto del Callao tras un terremoto, reforzó las defensas del Pacífico e impulsó expediciones a lugares tan remotos como la isla de Pascua y Tahití, entonces conocida como isla de Amat.
Pero no todo fue gloria: su gestión se recuerda por la dura explotación de las minas de Potosí y la expulsión de la Compañía de Jesús. Un personaje con muchas caras, vaya.
Los palacios y la virreina: dos símbolos en Barcelona
Cuando regresó a Barcelona en 1776, Manuel de Amat se puso manos a la obra para mostrar su fortuna. Construyó dos palacios casi idénticos: uno en el centro, en las Ramblas, hoy conocido como el Palacio de la Virreina, y otro en la villa de Gràcia, que se convertiría en su residencia de verano.
Pero, atención, porque el nombre de la plaza de la Virreina en Gràcia no hace referencia a él, sino a su esposa, Francesca Fiveller de Clasquerí, una joven que salió de un convento para casarse con el virrey cuando él ya tenía 70 años.
La historia detrás del matrimonio
La cuestión no es cualquiera: Francesca había estado en la iglesia de Santa Maria de Jonqueres y, de hecho, tenía que casarse con otro miembro de la familia Amat. Pero este se echó atrás y, por honor y para evitar escándalos, el virrey decidió casarse con ella por poderes en 1779, ofreciéndole una dote que hoy equivaldría a varios millones de euros.
La pareja no tuvo mucho tiempo para estar junta: Manuel de Amat murió dos años después. Aun así, Francesca quedó como virreina y figura respetada en la zona.
El legado desaparecido y la plaza actual
El palacio de Gràcia, a pesar de su magnificencia, no ha llegado hasta nuestros días. Fue hospital, prisión militar y finalmente desapareció alrededor de 1878 cuando se urbanizó la plaza que hoy conocemos.
Los jardines que rodeaban el palacio se dividieron para construir casas, y la plaza de la Virreina se convirtió en un punto de encuentro de la nobleza barcelonesa, con conciertos y tertulias al aire libre. La vista era espectacular: mar abierto y toda la llanura de Barcelona sin ningún obstáculo.
Un vestigio con leyenda
Solo los medallones incrustados en la fachada lateral de la iglesia de Sant Joan de Gràcia recuerdan el palacio y al virrey. La leyenda dice que si, a medianoche, repites tres veces el nombre de la "Perricholi", la famosa amante del virrey, su rostro se enfada en el medallón. ¡Qué misterio!
El virrey Amat, con su vida entre continentes, palacios y escándalos, ha dejado una huella que todavía se puede ver cuando pasas por la plaza o bajas a la estación que lleva su nombre. Y no olvidemos que su esposa, la virreina Francesca, también tiene su lugar en el mapa barcelonés.
Para conocer mejor a este curioso personaje podéis leer el libro 'La aventura americana del virrey Amat', de Vicenç Pascual Rodríguez, editado por Publicacions de l'Abadia de Montserrat.