Cuando la financiación premia la cooperación en las colles de Barcelona
Barcelona tiene ocho colles castelleresreforzar un proyecto colectivo?
La Coordinadora de Colles Castelleres de Barcelona
La propuesta de la CCCCB y el nuevo modelo de financiación
La Coordinadora de Colles Castelleres de la Ciutat de Barcelona (CCCCB) ha presentado un sistema de puntos para ordenar el reparto de la subvención vinculada al Institut de Cultura de Barcelona (ICUB). Esta subvención representa gran parte de los recursos de las ocho colles que conforman la ciudad.
Hasta ahora, el dinero se ha movido entre convenios anuales, apoyo a diades propias y participación en grandes acontecimientos como La Mercè y Santa Eulàlia, a menudo de manera paralela y poco integrada. Ahora, la propuesta quiere unificar todo esto en un mecanismo claro, objetivo y transparente.
Esta unificación no es solo un ejercicio técnico; es un modelo cultural que apuesta por que la financiación se convierta en una herramienta de corresponsabilidad entre colles, haciendo que la ciudad sea un ejemplo de cooperación entre niveles diferentes y de fortaleza para la cultura popular.
Unificar subvenciones en un único mecanismo
El sistema propuesto integra tres vías habituales de financiación, simplificando la gestión y permitiendo una mejor planificación por parte de cada colla. La intención es que la financiación sirva para hacer crecer el proyecto común, no solo para repartir una bolsa económica.
La cultura como eje, más allá del nivel técnico
Las colles tienen niveles técnicos diferentes y eso siempre ha sido un elemento delicado a la hora de repartir recursos. Esta propuesta asume la importancia del nivel casteller, pero evita que sea una condena para las colles en crecimiento, introduciendo un sesgo redistributivo para equilibrar reconocimiento y equidad.
Reconocer el nivel sin penalizar a las colles pequeñas
En la distribución, las colles con más nivel recibirán un porcentaje superior, pero no proporcional a la diferencia técnica. Así, la diferencia entre una colla de 9 y una de 7 no es el doble en subvención, evitando penalizar a las pequeñas.
Además, se tienen en cuenta otros criterios como la antigüedad de la colla y las características de la diada propia (nivel de colles invitadas, momento de la temporada, etc.), añadiendo más equilibrio y justicia.
Un elemento clave que ha incorporado la propuesta es el compromiso social y comunitario. En Barcelona, la cultura popular va más allá de los castells: proyectos sobre feminismos, LGTBIQ+, sostenibilidad, antirracismo o lucha contra la soledad no deseada aumentan la subvención, reconociendo el trabajo continuado y la presión logística que sufren las colles en la ciudad.
Compromiso social como parte del modelo
El sistema valora lo que hacen las colles durante todo el año, no solo la foto de la diada. Esto hace que la subvención sea un impulso para el tejido social barcelonés, a menudo presionado por falta de espacios y recursos.
Variables que equilibran la distribución
Antigüedad y momento de la temporada son otros factores que el sistema incorpora para no dejarlo todo en manos del nivel técnico y fomentar una mirada más amplia de la cultura castellera.
Un precio por punto que transforma la financiación
La propuesta basa el sistema en un precio fijo por punto. Esto quiere decir que la bolsa total se ajusta al nivel global de la ciudad: si una colla sube de nivel, la tarta económica crece; si baja, se reduce, pero sin perjudicar al resto.
Así, el crecimiento de una colla es una buena noticia para todo el ecosistema cultural barcelonés, y las caídas puntuales no se traducen en castigos irreversibles, porque los gastos fijos (local, seguros, material) no desaparecen.
Evitar incentivos a la competición
Si la financiación solo premia la imagen final, se está alimentando una competición dura que no siempre favorece a la cultura popular. Con este modelo, también se reconoce la estructura y el compromiso, creando un incentivo a la cooperación y no a la rivalidad.
Una mirada global a la sostenibilidad
Los costes estructurales (organización, logística, locales) se tienen en cuenta para garantizar que todas las colles, pequeñas y grandes, puedan sostenerse y crecer sin renunciar a su identidad ni vivir en una constante lucha presupuestaria.
El reto: uso responsable y compartido de la financiación
Para los impulsores, el éxito no será solo una fórmula técnica cerrada, sino que las colles grandes vean este modelo como una inversión para la ciudad y las pequeñas como un impulso para crecer sin sentirse ayudadas paternalistamente.
A pesar de la rivalidad natural dentro de la ciudad y los modelos contrapuestos, se ha alcanzado un compromiso de responsabilidad compartida: hacer subir el nivel casteller de Barcelona de manera conjunta y apostar por la cooperación por encima de la competición estricta.
Un modelo pionero en financiación cultural
Si se hace bien, Barcelona será un ejemplo a seguir en financiación y gobernanza cultural, anticipando debates futuros como los derechos de imagen castellers o estructuras comunes de apoyo.
Un equilibrio entre ambición y cuidado
Los castells son una suma de competición, respeto y sentido común. Y en la distribución de dinero, el reto es que el peso no caiga siempre sobre los mismos, y que todo el mundo, desde el primer hasta el último cordón, sea igual de importante.
Roger Estivill Cos, presidente de los Castellers de Sants, es autor y voz de la propuesta.
Para más información oficial sobre las colles castelleres de Barcelona y su proyecto, se puede consultar la página oficial del Ayuntamiento de Barcelona y el Institut de Cultura de Barcelona.