El reto del local para las colles castelleras en Cataluña
Las colles castelleres de Cataluña tienen un enemigo que no sale a plaza pero marca el ritmo de la actividad: el local de ensayo y social. Con más de siete años de espera en Tarragona o la incertidumbre en Badalona, la situación es más compleja de lo que parece.
¿Qué pasa cuando no hay un espacio propio? O cuando los acuerdos con el Ayuntamiento son una montaña rusa? Este dolor de cabeza, que afecta desde las colles más grandes hasta las más pequeñas, condiciona resultados, vida social y futuro.
El caso de Tarragona: un retorno esperado y lleno de incógnitas
El Ayuntamiento de Tarragona ha puesto manos a la obra para sanear el edificio de la calle de Santa Anna, uno de los espacios castellers más simbólicos, para que los Xiquets de Tarragona vuelvan a tener local.
La colla tuvo que dejar el local hace más de siete años, y durante este tiempo han ensayado en un pequeño patio del Palacio Municipal, en la plaza de la Fuente, un lugar que no acaba de ser un local digno: espacio limitado, condiciones técnicas precarias, y evidente impacto en el rendimiento casteller.
El proceso ha sido largo y a menudo desesperante, con diferentes alternativas sobre la mesa, pero finalmente se ha optado por volver al origen. El presupuesto y el calendario siguen siendo una incógnita, sobre todo porque primero hacen falta prospecciones arqueológicas que exploren qué hay en el subsuelo –un patrimonio romano que, como se puede imaginar, complica cualquier obra.
Otras colles, otros dilemas: Badalona y Sarrià en primera línea
Badalona, ¿ensayos en la plaza?
En Badalona, la cosa pinta menos bien. Los castellers locales ensayan actualmente en el Mercado Maignon, pero el Ayuntamiento ha anunciado su rehabilitación, lo que obliga a la colla a buscar alternativas.
El alcalde Xavier García Albiol prometió ceder la antigua fábrica de herramientas Canela, pero no hay ningún acuerdo oficial ni compromiso público, y el proyecto está parado por el mal estado del espacio, que también incomoda al vecindario e incluso a un instituto cercano. En caso de llegar a un acuerdo, las obras tardarían años y no hay solución provisional, así que los micacos se preparan para ensayar en la calle, posiblemente en la plaza de la Villa, como ya han hecho antes.
Sarrià y la carpa que no lo soluciona todo
Los Castellers de Sarrià combinan su buena técnica con la incertidumbre de un local precario. Están a la espera de convertir Can Raventós, una antigua masía, en sede de entidades de la cultura popular, pero un litigio entre el Ayuntamiento y los propietarios pone la operación en un cajón.
Mientras tanto, ensayan bajo una carpa de 10 metros de altura y 150 metros cuadrados, instalada en un espacio donde está previsto construir unos jardines. Esto significa que esta solución provisional también está en peligro si se llevan adelante las obras previstas para el verano de 2026.
Conflictos vecinales y la sombra del espacio: Molins de Rei y Vilanova
Matossers de Molins de Rei: de local propio a un almacén compartido
Los Matossers de Molins de Rei han tenido que dejar su local alquilado en el Paseo de la Paz por motivos económicos y por las quejas constantes de ruido de los vecinos, que dificultaban la actividad social y el crecimiento de la masa social.
Actualmente tienen un almacén compartido con el baile de diablos, pero está claro que no cubre sus necesidades, aunque les permite mantener cierta actividad de ensayo y social.
Bordegassos de Vilanova: de Cal Pinyana a los Josepets
El caso de los Bordegassos de Vilanova es similar. Tuvieron que dejar su local de propiedad, Cal Pinyana, en febrero de 2025, por las molestias al vecindario. Como solución provisional, se trasladaron a la iglesia de los Josepets, cerrada al culto y utilizada como almacén por el patrimonio local.
Los Josepets ofrecen mejor espacio para ensayar pero limitan la actividad social. El alcalde Juan Luis Ruiz se comprometió a tener un nuevo local en un año, con posibles espacios separados para ensayos y actividad social. La ventaja es que la venta de Cal Pinyana podría financiar este proyecto.
Terrassa, Vilafranca y Sitges: los casos de las colles con locales propios o proyectos claros
Terrassa estrena local nuevo con inversión millonaria
Los Minyons de Terrassa estrenaron en 2025 un nuevo local en la antigua fábrica de Cal Reig, gracias a un concurso público y una inversión de 1,5 millones de euros, financiada en parte por la venta de su antigua sede y subvenciones públicas.
Además del espacio para ensayos, el local amplía prestaciones para actividades sociales y abiertas a la ciudadanía.
Vilafranca compra para crecer
Los Castellers de Vilafranca avanzaron en diciembre con la compra del edificio vecino de Cal Figarot para ampliar sus instalaciones. Con unos 500 metros cuadrados más, quieren destinar espacios a archivo, gimnasio y atención a la infancia.
Esta operación cuenta con ayudas de la Diputación de Barcelona y ha recibido la aprobación unánime de la asamblea, manteniendo la política de patrimonio propio, como otras colles de referencia.
Sitges y la colaboración con el Ayuntamiento para un local digno
En Sitges, donde el mercado inmobiliario es un monstruo, la Jove de Sitges vive un caso ejemplar de colaboración con el Ayuntamiento. Desde 1992 ensayan en el Palau del Rei Moro, un edificio gótico protegido que limita reformas y tiene problemas de espacio y aparcamiento.
En 2016 presentaron un proyecto para destinar terrenos de nueva urbanización a usos sociales y culturales, y el Ayuntamiento cedió la Masía de Santa Bárbara, que remodelará y ampliará con una nave para ensayos.
Con una inversión de 3,2 millones de euros, las obras comenzarán en marzo y durarán un año y medio, y compartirá espacios con un grupo de gimnasia rítmica. Uno de los mejores acuerdos castellers con un ayuntamiento recientemente.
Barcelona: entre la reforma de espacios y la sombra de la estación de Sants
Los Castellers de Sants disponen de un buen local de ensayo en el gimnasio de la Escuela Jaume I, pero la falta de espacio social es un problema. Se había previsto reformar y ampliar las naves de Can Climent, pero el proyecto queda afectado por la reforma y ampliación de la estación de Sants.
Las conversaciones con el distrito y otras entidades del barrio avanzan, pero el ritmo será lento. El deseo es tener un local social potente que complemente el local de ensayo.
El local, un reto constante que condiciona el futuro casteller
El local no es solo un espacio físico, sino un motor de vida social, de crecimiento y de mantenimiento de la cultura castellera. Las diferentes situaciones de las colles muestran que, cuando falta un espacio adecuado, todo se complica: se han perdido masas sociales, se limita la actividad e incluso se resiente la calidad casteller.
Los casos de Tarragona, Badalona o Sarrià contrastan con los de Terrassa o Vilafranca, donde se ha podido avanzar con inversiones o compras. Pero la realidad de la mayoría es que la colla está pendiente de las decisiones y las inversiones públicas, a menudo lentas, y de los conflictos vecinales que pueden limitar el uso de los locales.
Es posible que el futuro pase por la colaboración estrecha entre colles y ayuntamientos, gestión creativa de los espacios y, cuando se pueda, la compra de inmuebles para garantizar la continuidad.
Como dice un dirigente casteller reciente (2026), “sin local, sin castells; con local, todo es posible”.
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